¿No Sirve realmente el pescado para la Enfermedad Cardiaca?

Un reciente análisis de Cochrane, altamente publicitado, sobre los aceites de pescado fue noticia al afirmar que el omega 3 de los aceites de pescado tiene poco o ningún efecto en la salud del corazón. [i] El análisis, “Ácidos grasos omega-3 para la prevención primaria y secundaria de la enfermedad cardiovascular”, tuvo como objetivo investigar los efectos del aumento de la ingesta de omega-3 sobre la mortalidad y los eventos cardiovasculares. Los autores concluyeron que la evidencia sugiere que ingerir suplementos de omega-3 tiene poco o ningún efecto sobre la salud cardiovascular. Aunque este análisis se llevó a cabo utilizando una evaluación rigurosa de la calidad de la evidencia, hay una multitud de otros factores que el análisis no tiene en cuenta, lo que nos ha llevado a cuestionar esta conclusión.

Un problema clave con los “meta análisis” como estos es que incluyen muchos estudios diferentes, para aumentar la población, con la esperanza de obtener un resultado más preciso. Pero, también tienden a juntar muchos estudios que son muy diferentes entre ellos.

En primer lugar, existen diferencias significativas entre las poblaciones objeto de los estudios incluidos. Aunque el grado de enfermedad fue considerado y discutido como parte del criterio de inclusión, las implicaciones de estas diferencias no fueron consideradas. El análisis consolidó los hallazgos de los estudios realizados tanto en individuos sanos como en aquellos con condiciones de salud preexistentes, en proporciones casi iguales. Las condiciones de salud incluidas fueron enfermedades cardiovasculares, ataques cardíacos previos y cirugía coronaria, así como afecciones no relacionadas con la salud cardiovascular, como el cáncer. Para estas personas, el riesgo de mortalidad en general podría considerarse más alto que para individuos sanos, ya que en este análisis se investigó la mortalidad por todas las causas, no solo la mortalidad cardiovascular. Esto podría haber causado una fusión de datos que tal vez no sean parecidos, y por lo tanto no adecuados para la consolidación. Haberlo hecho, podría haber minimizado los resultados beneficiosos que se pudieron haber observado en los individuos sanos.

En segundo lugar, el tipo de suplementos de omega-3 incluidos dentro de los estudios no estaban estandarizados, lo que significa que  los estudios utilizaron diferentes fuentes, diferentes proporciones de EPA y DHA, así como el hecho de que las dosis también se hayan combinado, contribuye potencialmente a la amalgama de datos desiguales.

Otro aspecto pasado por alto fue la calidad de la investigación, basada en el diseño del estudio. El único aspecto de calidad considerado fue la presencia de sesgo, con 25 de los 79 estudios incluidos considerados ‘confiables’ y con bajo riesgo de sesgo. Sin embargo, de estos 25 estudios, solo 2 tercios fueron realizados durante los últimos 10 años. Además, un estudio incluido en este análisis tuvo un tamaño de participantes de solo 11 personas, lo que hace que este sea más un estudio piloto que un ensayo de control aleatorio confiable. Otros factores que tampoco se tuvieron en cuenta fueron la genética, la digestión y las diferencias en las dietas y estilos de vida de los participantes.

Además, los placebos utilizados en los estudios también podrían haber tenido un impacto significativo en los resultados, con placebos como el aceite de oliva, que también puede tener beneficios para la salud. También se utilizaron otros placebos, como aspirina, sertralina, estatinas y aceite de parafina, lo cual proporciona otras razones por las cuales las diferencias en los grupos de investigación pueden no haberse observado.

También es importante tener en cuenta la gran cantidad de investigaciones que han demostrado los beneficios del aumento de la ingesta de omega-3, así como los estudios que se están llevando a cabo actualmente. De los estudios identificados inicialmente, 27 fueron excluidos ya que estaban actualmente en curso. Por lo tanto, es posible que si este análisis hubiera tenido lugar más adelante, una vez publicados los resultados de estos estudios, el resultado, tal vez, hubiera sido diferente. De hecho, hay otros cuatro ensayos muy grandes en los EE. UU. que se publicarán en los próximos dos años, los cuales pueden ofrecer mayor claridad.

Entonces, ¿no son útiles los aceites de pescado para la enfermedad cardíaca? Creemos que este análisis no es tan concluyente como lo presentaron los medios y que suscitó más preguntas que respuestas. Por ahora, debemos continuar alentando el aumento de la ingesta de omega-3, en línea con los consejos actuales, ya sea a través de fuentes de alimentos o suplementos.

 

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[i] Abdelhamid et alOmega-3 fatty acids for the primary and secondary prevention of cardiovascular diseaseCochrane Database of Systematic Reviews 2018, Issue 7. Art. No.: CD003177.http://cochranelibrary-wiley.com/doi/10.1002/14651858.CD003177.pub3/full

 

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